El belén de María Dolores Martos Morón, segundo premio del II Concurso Municipal de Belenes de Peligros, se ha instalado en el bajo de su vivienda, en la calle Batalla de la Higueruela, 29, un espacio que ha transformado para recrear un paisaje con identidad propia: la Alpujarra granadina.

A diferencia de otros montajes más complejos en niveles, este belén se construye en un solo plano, aunque con una clara jerarquía visual. En la parte trasera, ligeramente elevada, se alza una iglesia que domina la escena. Bajo ella, María Dolores ha recreado un entramado de callejuelas alpujarreñas, empedradas una a una, en las que se suceden viviendas típicas de la zona, cuidadosamente construidas y llenas de detalles.

Las casas destacan por su blancura característica, las terrazas tradicionales, chimeneas, portones antiguos de madera y una cuidada ambientación con cortinas alpujarreñas, mantas y elementos cotidianos, que remiten directamente a los pueblos de esta comarca granadina. Todo el suelo de la parte baja del belén está también empedrado, reforzando la sensación de estar paseando por un pequeño núcleo rural.

En el lado derecho, el paisaje se vuelve más abrupto y da paso a la zona de montaña, mientras que al fondo del conjunto avanzan los Reyes Magos, caminando por el desierto en su camino hacia el Nacimiento. Por esa misma parte serpentea una acequia o río con agua en movimiento, gracias a una pequeña bomba que aporta vida y dinamismo a la escena.
En la zona baja derecha, María Dolores ha recreado un huerto, donde distintos hortelanos trabajan la tierra, aportando una escena cotidiana y muy ligada a la tradición agrícola. Entre los detalles más singulares del belén destacan unas chumberas, elaboradas de forma artesanal con corcho procedente de bandejas de fruta, un ejemplo claro de creatividad y aprovechamiento de materiales.
La artesanía es, de hecho, uno de los grandes valores de este belén. Todas las construcciones y la mayoría de los alimentos presentes en los distintos puestos —panadería, alfarería, carnicería y otros— están hechos a mano, uno a uno, por su autora. María Dolores ha trabajado en solitario en este montaje desde el mes de agosto, recordando con humor el calor del verano mientras daba forma a una escena que hoy respira invierno y Navidad.
El conjunto se completa con un fondo azul con nubes, que recrea un cielo pintado íntegramente a mano y que envuelve la escena con una sensación de amplitud y calma.
El belén de María Dolores no solo recrea un Nacimiento, sino también una memoria personal: la de su abuela, que vivía en la Alpujarra, y que sirve de inspiración para un trabajo minucioso, paciente y profundamente ligado a la tierra y a la tradición.
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