El belén de María Nieves Rodríguez López, primer premio del II Concurso Municipal de Belenes de Peligros, ocupa parte del salón de su vivienda en la Avd. Pago del Mesto nº 15A, y se despliega en una cuidada estructura en forma de L, construida de manera horizontal y también vertical, pensada para ser recorrida con la mirada como si se tratara de un pequeño viaje por distintas culturas y paisajes.

El montaje ha sido realizado por María Nieves junto a su hijo Pablo, adolescente, en un trabajo compartido que combina paciencia, creatividad y muchas horas de dedicación. Esa colaboración familiar se percibe en cada detalle, desde la composición general hasta los pequeños elementos artesanales repartidos por todo el conjunto.
Uno de los rasgos más singulares del belén se encuentra en su lado derecho, donde la pared del salón se convierte en parte activa de la escenografía para recrear las cuevas del Sacromonte, un guiño directo a la identidad granadina. Esta ambientación se refuerza con numerosos detalles locales como rótulos de calles y plazas, nombres reconocibles, artesanía típica y refranillos populares de Granada, que aportan cercanía y personalidad propia al conjunto.

El Misterio se sitúa en una zona central y elevada de la parte horizontal, convirtiéndose en el eje visual y simbólico del belén. Desde ahí, la escena se abre a un recorrido lleno de contrastes con fuentes de agua en movimiento, gracias a pequeñas bombas ocultas, ríos que atraviesan el paisaje, varios puentes y una vegetación abundante al fondo que simula el entorno del desierto.
El belén incorpora además elementos arquitectónicos y culturales muy variados, como un templo romano, la iglesia de San Ildefonso, pirámides de Egipto y casas árabes ricamente ambientadas con alfombras persas y palmeras, creando una mezcla de épocas y civilizaciones que amplía el relato tradicional del nacimiento.

No faltan las figuras clásicas del belén —pastores, romanos, animales, camellos y los Reyes Magos— distribuidas con equilibrio y sentido narrativo, reforzando la sensación de movimiento y vida en cada rincón.
El resultado es un belén que no solo destaca por su tamaño o complejidad técnica, sino por su capacidad de unir tradición, identidad local y trabajo familiar, convirtiendo un salón doméstico en un espacio donde la Navidad se cuenta con acento propio.




